El exasesor político se presentó encapuchado en los tribunales de Bolivia. Mediante gestos, negó su participación en el atentado contra su expareja, Nadia Beller.
En su primera aparición pública tras ser detenido, Fernando Cerimedo fue abordado por la prensa en el Palacio de Justicia de Santa Cruz, Bolivia. Custodiado y con el rostro cubierto, se mostró visiblemente quebrado y se limitó a expresar su deseo de reencontrarse con sus hijos antes de aclarar que no podía hablar.
Ante la insistencia de los periodistas sobre su presunta autoría intelectual en el ataque contra su expareja, Cerimedo mantuvo el silencio. Sin embargo, utilizó movimientos de cabeza y gestos corporales para negar cualquier tipo de vinculación con el hecho o con la citación de la víctima al lugar del atentado.
La audiencia prevista, en la que la fiscalía iba a solicitar seis meses de prisión preventiva, fue reprogramada para el viernes por demoras de las partes. Tras el breve cruce con los medios, el consultor ingresó al ascensor del edificio donde, de acuerdo a los presentes, se arrojó al piso para continuar llorando.
